16 octubre, 2020
  • 16 octubre, 2020
5 junio, 2018

HISTORIA DE ÉXITO: Alfredo Herrera Aguilar, el físico que a través del Universo busca conocerse a sí mismo

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  • Autor de más de 70 artículos de investigación, memorias en extenso y manuscritos bajo refereo. Sus publicaciones han recibido más de 500 citas

Nivel III del Sistema Nacional de Investigadores, Alfredo Herrera Aguilar, académico del Instituto de Física de la BUAP, está convencido de que la indagación sobre el Universo es también una forma de conocerse a sí mismo. Con formación superior en Rusia y una estancia posdoctoral en la Universidad Aristóteles de Thessaloniki, Grecia, ha publicado más de 70 investigaciones, entre artículos de investigación y memorias en extenso. Asimismo, sus publicaciones han recibido más de 500 citas.

La educación es el motor de cambio de las sociedades, afirma. En esta labor, ha dirigido 19 tesis: 8 de licenciatura, 6 de maestría y 5 de doctorado. Durante su gestión como director del Instituto de Física y Matemáticas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, del 2006 al 2010, se reestructuraron los programas educativos de doctorado y maestría en Física. Este último obtuvo el nivel internacional de Programa Nacional de Posgrados de Calidad del CONACYT.

Naranjo es un sustantivo que no solo designa al árbol frutal de flores blancas; también sirve de nombre a una comunidad ubicada al sur del Estado de México, en el municipio de Tlatlaya. Esta zona forma parte de la región conocida como Tierra Caliente, la cual –como su nombre lo indica– suele alcanzar temperaturas mayores a 35 grados en todo el año. A pesar de que dichas tierras no son fértiles para la siembra del naranjo, sí lo fueron para las charlas que los primos Eliceo, Alfredo y Javier entablaban sobre el movimiento del Universo.

            “Mis primos y yo desde pequeños nos sentábamos a mirar las estrellas, a ver cómo era el camino que seguía la luna y cómo iba rotando, cómo iba cambiando su orientación a medida que seguía su trayectoria”, recuerda Alfredo Herrera Aguilar, profesor investigador del Instituto de Física de la BUAP desde 2015. Con frecuencia, al visitar su comunidad natal, escuchaba la pregunta ¿por qué no se cae el sol?

-¿De dónde se cae? ¿Por qué se tiene que caer?, eran algunos de los cuestionamientos que le surgieron en aquel entonces.

            El doctor en Física Teórica por el Instituto Conjunto de Investigaciones Nucleares (JINR, por sus siglas en inglés), ubicado en Dubná, Rusia, emigró con su familia a la Ciudad de México y, más tarde, a Toluca. Ahí comenzó a estudiar ruso debido a las afinidades que tenía con la literatura y la política escritas en esa lengua. El aprendizaje paulatino de ese idioma fue uno de los factores que más tarde permitieron que la semilla de la física germinara en el joven Alfredo durante sus estudios, al inicio de su vida adulta.

Rusia, un país de fríos severos y amigos entrañables

A los 19 años, Alfredo Herrera obtuvo una beca para estudiar la Licenciatura en Física en la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos. “Fue una experiencia maravillosa. Estaba descubriendo el mundo y, para mí, la posibilidad de ir a Rusia era seguir en ese camino del descubrimiento […] Son los años maravillosos; siempre me da mucho gusto recordarlos”, narra desde su cubículo. A pesar de que las persianas están cerradas y la ventana abierta, el sol pega de frente a la cámara de video y crea un ambiente que contrasta con el clima que describe el investigador:

          “El invierno fue algo muy sorpresivo. Yo soy de tierra caliente, por lo que pensé que el frío no era tan severo; pero estando allá vi que las condiciones en las que el ser humano se puede desarrollar son muy diversas. También comprendí porqué el ruso es un poquito frío en apariencia: porque en realidad es producto de su clima severo”. Además de una nueva condición climática, Alfredo tuvo contacto con jóvenes de distintas nacionalidades que estudiaban en la misma universidad: “yo creo que esa fue la puerta al mundo”.

          De esos años, rememora que el trabajo con su asesor científico, Georgiy Nikoláievich Shikin, lo hizo elegir la investigación como su área de desarrollo. A partir del tercer año, contó con el acompañamiento de un investigador que le proponía una vez a la semana pequeños problemas para resolver. Después de un tiempo, al entregar los resultados de un ejercicio, recibió por respuesta: “Este problema que resolviste no lo había resuelto nadie: es tu primer resultado científico”. A partir de ese momento, supo que quería dedicarse a la investigación.

          Con esta convicción, cursó la Maestría en Física Teórica en la misma institución y egresó del doctorado en el JINR, en 1999. Aunado al conocimiento científico que adquirió durante esa etapa, conoció una forma de vida que a la fecha mantiene: “Creo que lo que más me gustó de haber vivido en Rusia fue conocer un ejemplo de profesionalismo: si se dedican a algo, se dedican con todo su ser. No escatiman esfuerzos y son capaces de sacrificar mucho por entregarse a ese quehacer.

          La física es una de esas ciencias que requiere algo similar: mucho esfuerzo y una concentración que, en determinados lapsos, exige que te aísles de otras circunstancias. Eso hay que entenderlo: mientras uno esté jugando con dos cosas, no va a hacer nada jamás”.

Universidad pública: motor de cambio de las sociedades

Miembro de la Academia Mexicana de las Ciencias y miembro fundador de la Academia Michoacana de Ciencias, Herrera Aguilar se considera, como docente, fuera del estándar. A su regreso a México, fungió como profesor investigador de varias universidades antes de asentarse en la BUAP: la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, la Universidad Autónoma de Chiapas, la UNAM y la UAM-Iztapalapa. Durante esta trayectoria en el aula, se ha encontrado con generaciones cada vez menos comprometidas. ¿El motivo?  Los distractores.

            “Ahora traen uno consigo, lo llevan a todas partes y lo consultan a todo momento: la atención se va para allá. En realidad, lo que uno requiere en física es que la atención se enfoque en la resolución de problemas, el estudio y la compresión de fenómenos. Si la atención está por todas partes, jamás se va a lograr ningún resultado. Yo creo que, mientras más distracciones haya, menor va a ser el rendimiento de un estudiante, si es que no las supera”.

            Ante dicha situación –y de la mano de la disciplina adquirida durante su juventud-, declara: “Creo que soy muy exigente para el estándar mexicano de profesores. Uno podría no optar por esa exigencia y decir ‘me da igual si aprenden o no aprenden’, pero a mí me gusta más la idea de crear, junto con un estudiante, si él está dispuesto”.

            Esta práctica es también acorde con su visión de la universidad pública. Para él, la educación es el motor de cambio capaz de transformar la sociedad de forma paulatina. En ese sentido, reconoce en las universidades públicas un espíritu humanista, por lo que del impulso a estas instituciones “va a depender, en gran medida, a qué ritmo avancemos en los cambios a los que aspiramos como sociedad mexicana”.

           Actualmente, “hay mucha desigualdad y no todos tienen las mismas oportunidades, pero yo creo que talento hay: solo hay que generar condiciones para que todos tengan acceso a la educación y puedan desarrollar sus potencialidades”.

Investigar el Universo: una forma de conocerse a uno mismo

La construcción de soluciones exactas de tipo agujero negro en la teoría de cuerdas fue el tema que Alfredo Herrera desarrolló durante el doctorado. Más tarde, incursionó en el estudio de mundos membrana y modelos cosmológicos, así como en áreas de investigación que involucran dimensiones extra en la física fundamental de partículas elementales y de la gravitación. “Generalmente consideramos que hay tres dimensiones espaciales y una temporal, es decir, que en nuestro mundo hay cuatro dimensiones. Pero en los modelos membrana se considera que el mundo tiene muchas dimensiones, que nuestro Universo es multidimensional”.

            Actualmente, desarrolla proyectos de investigación en tres áreas: la astrofísica relativista, la dualidad holográfica y el desarrollo de modelos matemáticos aplicados a la física. El primero está enfocado en la caracterización de los agujeros negros, a partir de observaciones; en particular, busca determinar la masa y el spin de un agujero negro hipotético, situado en el centro de la Vía Láctea.

            El segundo de los proyectos consiste en la construcción de soluciones de agujero negro en un espacio de Lifshitz, con la finalidad de describir, desde la perspectiva dual, teorías de materia condensada que presenten superconductividad, superfluidez o efecto Kondo. Dado que varios investigadores del IFUAP desarrollan investigaciones sobre materia condensada –antes llamada “estado sólido”-, Herrera busca realizar aportaciones “que no solamente tengan un carácter teórico, sino que también se pueda, en un momento dado, vislumbrar sus evidencias experimentales”.

             Finalmente, el tercer proyecto pretende aplicar en la física el estudio de los flujos de Ricci, específicamente en el ámbito de algunos modelos de materia condensada, con la finalidad de  analizar cómo surgen las transiciones de fase.

            Al reflexionar sobre la investigación científica en México, el académico reconoce que esta tiene el potencial necesario para crear cambios positivos en la sociedad. No obstante, “hay un proverbio chino que dice que las grandes cosas se hacen lentamente”. A comparación de países como India y Brasil, afirma, el crecimiento científico mexicano mantiene un paso lento. Sin embargo, considera que nuestro país “debe buscar su propio camino y trazar proyectos a futuro que podamos realizar con nuestros recursos y fuerza. Actualmente pienso que en el país ya se tiene una masa crítica de científicos que puede dar origen a un cambio”.

            Al final de la entrevista, Alfredo Herrera Aguilar devela una función de la ciencia que ha regido su labor durante años:

             “En realidad, yo creo que investigar el universo es una forma de conocernos a nosotros mismos, pues estamos regidos por las mismas leyes. Uno pensaría que conocer el Universo es muy difícil, pero yo he encontrado más difícil conocerme a mí mismo. Algunas leyes se comprenden mejor en los fenómenos naturales, tanto a nivel macroscópico como microscópico; otras se vislumbran con mayor facilidad en uno mismo. Una relación entre las dos búsquedas podría dar resultados más ‘satisfactorios’. Podría conocerme mejor si también puedo comprender cuáles son las leyes que rigen el Universo”.

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