19 octubre, 2020
  • 19 octubre, 2020
6 junio, 2018

Con agua de charco como combustible, universitarios de la BUAP echan a andar motocicleta

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  • Desarrollaron un motor de combustión que funciona mitad con gasolina, mitad agua

Además de la ventaja económica al usar agua sucia como combustible, un motor que funciona mitad con agua, mitad con gasolina, reduce en 50 por ciento los contaminantes producidos por la combustión interna. Estefani Merlo Zechinelli, María Luisa Zago Merlo, Javier Précoma Rosas y Ana Karen Stefanoni Merlo, estudiantes de la BUAP, diseñaron y fabricaron este prototipo que con cien pesos sería suficiente para cubrir el gasto de combustible de una familia poblana.

           Por echar a andar, así, una motocicleta, su desarrollo mereció el primer lugar de la categoría Tecnología Intermedia del Cuarto Concurso Prototipos de Innovación Tecnológica, que organiza la BUAP.

          Todo comenzó cuando Estefani, estudiante de la Facultad de Ingeniería, escuchó de la investigación del ingeniero Tomás Aarón Juárez Zerón y de su alumno de servicio social, Alejandro Juárez Sandoval, cómo utilizar agua como combustible. La idea le pareció atractiva y buscó alumnos de otras facultades para ir a fondo. De ahí que se contactó con sus compañeros de equipo, todos universitarios, originarios de Chipilo, Puebla.

          La primera invitada fue María Luisa, de la Facultad de Ingeniería Química, debido a que la idea del proyecto parte de un proceso químico, la electrolisis, que separa los componentes de un compuesto por medio de la electricidad, fundamento químico del funcionamiento del prototipo.

          Poco después se sumó Javier, de la Facultad de Ciencias de la Electrónica, ya que requerían de alguien que diseñara y fabricara un sistema de sensores para detectar qué tipo de agua se podría utilizar, pues se consideró emplear agua sucia y salada, no potable, con fines ecológicos.

          Al futuro electrónico fue a quien se le ocurrió transferir el prototipo al campo, particularmente para ayudar a la producción agrícola de su natal Chipilo, una comunidad fundada por migrantes italianos y que actualmente, por tradición, se sostiene principalmente de actividades agropecuarias.

          Esta labor exigía de un modelo de negocio redituable, por ello, Ana Karen, quien estudia en la Facultad de Administración, se integró. De esta forma, sostienen todos, hacemos visible el trabajo multidisciplinario que tanto requieren los proyectos de este tipo.

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