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22 abril, 2021

Las universitarias, voceras y activas participantes del movimiento liberal de Reforma Universitaria: Gloria Tirado Villegas

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“Es el primer despertar de una participación femenina con ideas de rumbo”, asegura la investigadora

Hablar del movimiento de Reforma Universitaria de 1961 es rememorar la transformación de la vida institucional de la Universidad Autónoma de Puebla, en la que estudiantes exigieron el carácter laico de la educación superior y la autonomía real de la Institución. A pesar de ser minoría y ser blanco fácil de agresiones, las mujeres universitarias desempeñaron un papel de liderazgo al convertirse en voceras y activas participantes del movimiento liberal, asegura Gloria A. Tirado Villegas, investigadora del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades.

Cuando estalla este movimiento universitario, apenas habían pasado siete años de haberse otorgado el voto a las mujeres en México. Las estudiantes poblanas permanecían al margen de las organizaciones estudiantiles y del mundo político. No obstante, “este es el primer despertar de una participación, de una presencia femenina con ideas de rumbo”, afirma la historiadora, quien reconoce su arrojo y valor.

En ese medio lleno de ataques cotidianos violentos, de enfrentamientos físicos y verbales entre liberales y conservadores, mejor conocidos como Carolinos y Fuas, “ellas llevaban correspondencia entre los estudiantes que tomaron el Edificio Carolino, el 1 de mayo, los profesores y periodistas”.

Además, formaron el Comité de Estudiantes Universitarias y solicitaron en préstamo el edificio de la sección 21 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación para sesionar y reunirse con compañeros del movimiento liberal. Asimismo, elaboraron el periódico estudiantil La Verdad y colaboraron en La Sombrilla, otra publicación estudiantil. No se intimidaron, hicieron declaraciones públicas y organizaron una manifestación copiosa el 16 de mayo, con más de 3 mil personas, en apoyo al doctor Julio Glockner Lozada, nombrado rector de facto, en la cual estuvieron a punto de ser golpeadas.

“Lograr una asistencia copiosa quiere decir que ellas repartieron suficientes volantes e hicieron bastante trabajo proselitista para reunir a un estimado de 3 mil personas en la Plaza de la Democracia, frente al Edificio Carolino. No lo hubieran hecho sino estuvieran convencidas”, refiere la doctora Tirado Villegas.

En su mayoría eran estudiantes de Arquitectura, Ciencias Químicas y de preparatoria, quienes actuaron con valentía a favor de los ideales liberales, entre ellas Gloria Oropeza Contreras, Guadalupe Romero, Magdalena Rosales, Karina Vélez, María Luisa Contreras Contreras, Cristina González, Gloria Torres, Luz Rosales, Cristina Martínez, Julieta y Minerva Glockner, Anselma Hernández, Guadalupe Herrera, Yolanda Valderrama Vergara, Cristina Aguirre y Amalia Espinosa Rojas.

Gloria Torres, Guadalupe Rivera, Socorro López, estudiantes de Química, así como María de Lourdes Díaz, junto con Ezequiel López, Javier Ríos y Manuel Flores, estudiantes de Derecho, participaron en la redacción del periódico estudiantil La Verdad.

Sus ideales

La doctora Gloria A. Tirado Villegas, integrante del Cuerpo Académico 331 “Historia de las prácticas políticas: género e identidad”, indica que varias de las estudiantes partícipes del movimiento estudiantil se conocían porque estudiaron en la Secundaria Oficial Venustiano Carranza, una escuela mixta con profesores universitarios, la mayoría con ideales liberales, lo que definió su posición ideológica.

De ahí su simpatía con las ideas liberales y la Revolución Cubana. Por supuesto, no dudaron en dar su apoyo al movimiento estudiantil iniciado el 17 de abril de 1961; así como formar inmediatamente el Comité de Estudiantes Universitarias, presidido por Gloria Oropeza Contreras, estudiante de Química. “Solamente así podemos explicar cómo ellas estuvieron a favor de sus compañeros, de apoyarlos y compartir esas ideas en contra del imperialismo”.

Por otra parte, en ese mismo año Julieta Glockner y Anselma Hernández asistieron al Encuentro Mujeres de México, Centroamérica y el Caribe. Esas visitas bastaron para que a su regreso, a finales de marzo, fueran acusadas de comunistas. “Trajeron nuevas ideas y pensaban que las mujeres podían transformarse y apoyar la liberación de los países de América Latina”.

Un ambiente totalmente adverso

Actualmente, más del 50 por ciento de la matrícula estudiantil en la BUAP son mujeres, pero este panorama no siempre fue así. En el contexto del movimiento de Reforma Universitaria eran pocas las universitarias. Por ejemplo, relata la doctora Tirado Villegas, nivel II del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt, en una foto de la Escuela de Arquitectura, de esa época, aparecen cuatro mujeres rodeadas de 21 varones. Además, de 310 alumnos extranjeros en la matrícula universitaria, 290 eran hombres y 20 mujeres.

A este medio estudiantil masculinizado, se suman los comentarios misóginos y de sarcasmo por parte de sus compañeros y maestros. “Había una doble violencia a las mujeres: por un lado, el hecho de ser mujeres, y por el otro, la diferencia ideológica contraria del Frente Universitario Anticomunista”.

Como consecuencia, las universitarias liberales fueron blanco de difamaciones. Un testimonio de la maestra Dora Sofía Collado, de Ciencias Químicas y quien apoyó el movimiento, revela que los Fuas decían que las mujeres para entrar al Carolino debían pisotear a la Virgen de Guadalupe y se encontraban en la lista de los comunistas. Entonces comunistas eran sinónimo de ateos.

La lucha por una educación laica y gratuita, así como la autonomía real de la Universidad Autónoma de Puebla, en la que sus estudiantes y profesores determinaran la elección del rector, se prolongó y dos años después, en 1963, se concretó con la promulgación de una nueva Ley Orgánica. En esa transformación de la Universidad estuvieron presentes las estudiantes universitarias, quienes participaron de manera decidida, mantuvieron el respeto de sus compañeros y expresaron sus opiniones.

La doctora Gloria Tirado Villegas, autora de 37 libros y cerca de 15 artículos publicados en revistas indizadas, puntualiza que la experiencia para las jóvenes participantes fue un empoderamiento individual y colectivo:

“Su visibilización en espacios políticos universitarios motivó su inclusión en las organizaciones estudiantiles y como docentes en las escuelas de la Institución, incluida la de Arquitectura. Por primera vez habían tomado la voz y representado a los estudiantes en las asambleas y ante las autoridades”.

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