1 diciembre, 2022
  • 1 diciembre, 2022

Por: José Luis Fiesco Bucio

Recordamos la historia y sabemos que con el anterior gobierno talibán, entre 1996 y 2001, ellas no podían salir de casa ni pisar la calle solas, ni estudiar, ni trabajar, ni participar en las decisiones de su comunidad política, ni asistir a una consulta médica por propia decisión, ni quedarse a solas con el médico varón para contarle sus problemas de salud.

El gobierno ha llegado a tener cuatro ministras, una gobernadora provincial y en 20 provincias una vicegobernadora en asuntos sociales, aunque ellas no lo han tenido fácil, sufrieron acoso, intimidación y discriminaciones. 

En 2019 más de mil mujeres contaban con sus propios negocios. A pesar del conflicto permanente, mujeres afganas han conseguido ser abogadas, médicas, juezas, profesoras, ingenieras, atletas, políticas, periodistas, empresarias, agentes de policía y miembros del ejército, activistas de derechos humanos.

En pleno 2021, tras la retirada de las Fuerzas Militares Americanas y el abandono del poco poder gunernamental ejercido por Ashraf Ghani Ahmadzai (Presidente), El futuro para las mujeres que en Afganistán han vivido los últimos 20 años con mayor libertad, que han podido estudiar, trabajar y tomar algunas decisiones propias, ahora la historia de sus vidas se corta. Podrán narrar de dónde vienen, cómo llegaron hasta ser lo que son, pero no pueden imaginar adónde van porque el terrible presente no les deja proyectar su futuro.

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